jueves, 20 de noviembre de 2008

LA ORFANDAD SE MONTA EN EL LOMO ATERIDA (por Sergio Ernesto Ríos)

Now I wanna be your dog
Now I wanna be your dog
Well c’mon
Now I’m ready to close my eyes
And now I’m ready to close my mind
And now I’m ready to feel your hand
And lose my heart on the burning sands
And now I wanna be your dog
And now I wanna be your dog
Now I wanna be your dog
Well c’mon
en la voz de Iggy Pop

Este nuevo libro de Óscar David López, Perro semihundido, es un entramado singular de códigos, imágenes, referencias. La más inmediata, da título al libro: Goya. Yo diría Goya en una profunda terrenalidad, un cuadro austero, estancado en el limbo donde no aparece el hombre, sino el perro como símbolo, como alianza de la pugna en medio de una ilusoria superficie, algo flota, algo sube, sitio de ascenso y descenso. Alejandra Pizarnik describe cierta epifanía en un poema leve, aéreo y brevísimo sobre Goya: “un agujero, súbitamente invadido por un ángel”, pero en este caso un perro, varios perros, provocan un cruce de ternura y bestialidad, fascinación u odio, en un reino a ras de suelo, vívido, profundo, interior.

El motivo principal del libro son cinco dibujos de Jésica López La Negra, esta jauría articula, ensambla una serie de poemas de largo aliento a partir de la mirada de un perro. Recuerdo, particularmente, en la narrativa un propósito semejante en la novela Tomboctú de Paul Auster.

El perro ha sido caracterizado por su inteligencia, olfato, fidelidad, violencia, es un ser errante, solitario, y sin duda en ello cifra Óscar David López ese intenso despliegue de imágenes y sinestesia. Sus perros construyen ciudades, acaso la ciudad es la verdadera madre del perro, de ahí la seña permanente de su territorialidad, su vejiga sellando pactos con las esquinas del mundo.

Alfonso Reyes reclamaba que si la poesía fuera cosa puramente sentimentaloide incluso el aullido del perro a la luna equivaldría como ejemplo poético. Desconozco si “Perro semihundido” es una respuesta a la chanza del progenitor de la palabra jitanjáfora. Sé lo que significa este libro en la obra de Óscar David López, una introspección directa a la raíz, una plena zambullida teatral, una sigilosa y reptante visión que ya anunciaba en su novela “Nostalgia del lodo” y en el libro de poemas “Gangbang”, una escritura (intravenosa) sin concesiones, no por estética grandilocuente, no por penetrante fútil, no por arriesgada incompleta, no por lúdica simple. En palabras del propio autor: “Desde niño he sido un híbrido entre la apropiación, la performance, el plagio, el escenario, la representación y el simulacro. Mi comienzo fue un remake simultáneo a la vida, ocurrió como con las películas hollywoodenses que siempre tienen una versión porno, así de “The Da Vinci Code” el “The Da Vinci Hole”. Mi escritura no surgió de la lectura, sino de la tergiversación del poder de la lectura y lo fallido. Todo lo que está en el mundo desde mis primeras lecturas e intentos era (y es) material del lenguaje poético, ritmo, color, abandono, resurgimiento”. “Cuando escribo poesía advierto que estoy persiguiendo una especie de bailable para el día de las madres, sólo que no hay madres festejadas sino un desmadre lingüístico, un echar raíces por un lado y exploración de túneles por el otro. Soy un poeta contradictorio. Endoscopia a través de los poros. Si antes dije que de ostentar una poética sería la austeridad, creo que ahora sería el olvido; confío en la poética porque olvido y todo se recrea y se divierte cada vez que me inclino sobre el teclado o un libro”1.

Óscar David López nos entrega uno de los mejores libros del 2008, quizás uno de los más originales, promedio de imaginación y máscara canina.
Sergio Ernesto Ríos
Octubre, 2008


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Hangar-Sergio.

1 comentario:

Fidel Reyes Rodríguez dijo...

Me gustaria ver por aquî poesia o fotografia, (segun me contaron tambien andas en eso) estarê pendiente de cada cosa, por si algo se muevVEBVEe...